La
Navidad es una fiesta solar, una fiesta cósmica inefable que tiene su origen en
la noche profunda de los siglos.
El
sol físico tridimensional es tan sólo el vehículo de acción del sol espiritual.
El sol físico, el místico, encuentra al sol de la medía noche, a la estrella de
Belén, al Cristo Cósmico.
Todas
las religiones arcaicas rindieron siempre culto al sol, y hasta el Vaticano
está construido en tal forma que sus puertas están abiertas hacia el oriente,
hacia donde sale el sol.
Los
cristianos primitivos decían siempre con gran devoción: "Nuestro Señor
Jesucristo el Sol".
Es
admirable cómo se mueve el astro rey entre las innumerables estrellas del
espacio infinito y con relación a los mundos más cercanos, lo hace a la
velocidad de 20 kilómetros por segundo.
En
el centro de la Vía Láctea, el sol gira a una velocidad asombrosa a razón de
270 kilómetros por segundo. En este movimiento arrastra a la tierra y a todo el
sistema solar.
La
Tierra en la cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro Ser, es algo más que
una mole de materia, es fuera de toda duda un organismo viviente sobre cuya
epidermis vivimos todos nosotros como simples parásitos.
El
camino recorrido por la Tierra en el espacio infinito es muy complicado y
difícil.
El
planeta Tierra danzando alrededor del sol entre la música de las esferas, viaja
realmente a una velocidad vertiginosa girando por el centro de esta formidable
galaxia en que vivimos.
La
Vía Láctea es realmente tan gigantesca que, aún viajando a 270 kilómetros por
segundo, el sol tardará unos 200 millones de años para dar una vuelta completa
alrededor de ella.
La
Vía Láctea es un organismo cósmico vivo, un cuerpo espiraloide dentro del cual
existe nuestro sistema solar.
Toda
nebulosa, incluso nuestra Vía Láctea, tiene de hecho y por derecho propio el
mismo diseño fundamental.
En
toda galaxia se procesan tres fuerzas, la primera es la Centrípeta, la segunda
es la Centrífuga, la tercera es la Neutra, que sirve como punto de apoyo y
equilibrio.
La
fuerza Centrífuga imparte a la nebulosa un movimiento en forma espiral, a semejanza
de una tromba en un arenal que imparte movimiento espiral a la columna de polvo
que levanta.
La
Vía Láctea, con todos sus dieciocho millones de soles e innumerables planetas y
lunas, tiene como centro de gravitación el Sol Central Sirio.
Antiguas
tradiciones esotéricas afirman que en el Sol Central Sirio existe la Iglesia
Trascendida.
Dentro
del templo de Sirio pueden los adeptos tener la dicha de encontrarse con los
discípulos del Dios Sirio.
Cuando
algún adepto. intenta pasar más allá de la Vía Láctea, es siempre obligado a
regresar a Sirio. A los adeptos del planeta Tierra les está prohibido pasar más
allá de Sirio.
Los
astrónomos saben muy bien que más allá de la Vía Láctea sólo hay tres galaxias
visibles a simple vista, sin ayuda del telescopio. Dos de ellas pueden verse
desde el hemisferio sur, son la Gran Nube y la Pequeña Nube de Magallanes, así
llamadas en honor del célebre explorador.
Los
adeptos de la gran Logia Blanca cuando pasan más allá de Sirio, pueden ver dos
órdenes de mundos que centellean maravillosamente con un bello color rosado, en
esas dos Galaxias existen otros tipos de leyes cósmicas desconocidas para los
habitantes de la Vía Láctea.
En
los textos sagrados de la sabiduría oculta existe una máxima que dice:
"Donde la luz brilla más claro allá también las tinieblas son más
espesas".
En
los mundos superiores todo adepto puede verificar que muchas veces, junto a
algún templo de luz, existe también por contraste un templo de espantosas
tinieblas.
Basados
en esta regla podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que el Sol Central
Sirio es doble y que su compañero es un mundo gigantesco tenebroso.
De
Sirio vienen al planeta Tierra las fuerzas cósmicas que gobiernan al
Supra-Cielo, pero de su hermano tenebroso descienden hasta nosotros las fuerzas
que gobiernan al Infra-Infierno.
Los
astrónomos le dan a Sirio el apodo de Estrella Perro y a su compañero tenebroso
el de Cachorro.
Nuestra
Galaxia es gigantesca, maravillosa, formidable, nuestra Galaxia mide unos
100.000 años luz de diámetro y quizás unos 10.000 años luz de espesor.
El
Sol que nos calienta y nos da vida , nuestro amado Sol, fuente de toda vida,
está situado, a unos 3.000 años luz del centro, que lo coloca a un tercio de
distancia entre el centro de la Galaxia y uno de sus extremos, parece que está
cerca del anillo interior de un brazo espiral y también de un grupo de
estrellas muy débiles y lejanas y de otro grupo más cercano al centro.
Existen
en el espacio infinito muchos miles y millones de Galaxias, se estima que en un
espacio de 250.000.000 de años luz, existen alrededor de 2.000.000.000 de
Galaxias, y aún a esta distancia tan tremenda no dan señales de terminar.
La
situación de nuestro sistema solar, es, fuera de toda duda y sin exageración
alguna, la misma de una célula sanguínea dentro del cuerpo humano.
En
el Microscopio podemos verificar que un corpúsculo blanco se compone también de
un núcleo o Sol, su citoplasma o esfera de influencia; y éste también está
rodeado por todos los lados por millones de células semejantes o sistemas,
formando el todo, un gran Ser cuya naturaleza sería, para la célula,
difícilmente susceptible de concebirla.
La
Vía Láctea es un organismo viviente que nació en la novena esfera del agua y
del fuego.
Quienes
suponen que las Galaxias, incluyendo a la Vía Láctea, tuvieron su origen en la
explosión de algún átomo primitivo, están muy equivocados.
Existe
una máxima esotérica que dice: "Tal como es Arriba es Abajo".
Si
el origen de esta pequeña Galaxia Microcósmica llamada hombre tuvo su origen en
la novena esfera, en el sexo, podemos deducir lógicamente sin temor a
engañarnos, que el origen de nuestra Galaxia y de todas las Galaxias del
infinito hay que buscarlo en la novena esfera, en el sexo.
El
Templo de la Sabiduría se encuentra en la novena esfera, el Templo de la
Sabiduría está situado entre el Phalo y él Útero.
Es
a todas luces imposible experimentar la verdad sobre el origen de las Galaxias
si no entramos a la novena esfera (Sexo).
El
connubio sexual de la palabra en el amanecer de la vida, hace fecundas las
aguas del Caos y nacen las Galaxias y nacen los mundos.
El
fuego sexual del Kundalini siempre hace fecundo el vientre de la Gran Madre.
En
el Principio era el Verbo.