lunes, 3 de agosto de 2026

El Collar del Buda

EL NIÑO SOL 

SALUTACIONES FINALES

 

Amadísimos: Hemos dicho en este Mensaje de Navidad 1966-1967 todo lo que teníamos que decir, vosotros debéis estudiar intensivamente, no basta leer una vez el Mensaje como quien lee periódicos; este Mensaje es para estudiarlo durante toda la vida y comprenderlo profundamente en todos los niveles de la mente.

 

No seáis vosotros como los mariposeadores que hoy están en una escuela y mañana en otra, que pierden el tiempo miserablemente leyendo y teorizando, pero sin realizar absolutamente nada.

 

No seáis vosotros como los profanadores de los MISTERIOS, que hoy estudian y mañana se burlan de todas estas enseñanzas.

 

Estudiad y trabajad, este Mensaje es para vuestra propia Auto-Realización Intima.

 

Recordad que os estamos dando la segunda parte de la enseñanza gnóstica. Todo el SUMUM de nuestra Doctrina Esotérica Crística quedará condensado en el Mensaje de Navidad de cada año.

 

En otros tiempos el Mensaje era un simple folleto, ahora este Mensaje será un libro que recibiréis para la Navidad de cada año.

 

Es necesario que los Lumisiales Gnósticos se conviertan en salas de meditación. Es urgente que se practique la meditación en grupo, de acuerdo con la lección del capítulo XVIII de este Mensaje de Navidad 1966-1967.

 

Recordad amadísimos que en el relato que hacemos sobre el maestro chino WU WEN enseñamos técnica práctica para la meditación.

 

Amadísimos, os deseo Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo 1967, que la Estrella de Belén resplandezca en vuestro camino, que haya paz en vuestros corazones, que haya felicidad en vuestros hogares.

 

PAZ INVERENCIAL

 

Samael Aun Weor

LA INICIACION VENUSTA

 

La Iniciación Venusta es únicamente para los hombres verdaderos, jamás para los animales intelectuales.

 

Entiéndase por hombres verdaderos aquellos que ya fabricaron los cuerpos solares. Entiéndase por animales intelectuales toda la humanidad, todas las gentes que solamente tienen cuerpos lunares.

 

La Iniciación Venusta es la verdadera navidad del corazón tranquilo. La Iniciación Venusta es para los pocos, es una gracia del Logos Solar.

 

En el Nirvana existen muchos Buddhas que, a pesar de sus grandes perfecciones, jamás han alcanzado la Iniciación Venusta.

 

La ley del Logos Solar es sacrificio por la humanidad. El se sacrifica desde el amanecer de la vida, crucificándose en todos los mundos, en todo nuevo planeta que surge a la existencia, para que todos los seres tengan vida y la tengan en abundancia.

 

Raro es aquél que recibe la Iniciación Venusta, ésta es una gracia muy especial, se necesita antes haberse sacrificado por la humanidad.

 

Annie, Besant comete el error de suponer, y hasta afirmar, que el Cristo Intimo, el Niño Dios, el Salvador, encarna en el ser humano cuando alcanza la primera iniciación de Misterios Mayores.

 

Annie Besant. quiere ver en las cinco primeras iniciaciones de Misterios Mayores todo el drama cósmico, nacimiento, crecimiento, muerte y resurrección del Cristo.

 

Annie Besant comete el error de confundir las cinco iniciaciones del fuego con la Iniciación Venusta.

 

Es necesario saber que el Cristo no puede encarnarse en el animal intelectual, es urgente comprender que el Cristo, Señor nuestro, sólo puede encarnarse en los hombres verdaderos, y que es imposible alcanzar este estado de hombre auténtico sin haber pasado antes por las cinco iniciaciones de Misterios Mayores.

 

Sólo después de haber pasado por las cinco iniciaciones de Misterios Mayores, y como una gracia, previo sacrificio por la humanidad, puede encarnarse el Cristo en nosotros.

 

Tal como es arriba es abajo. Al iniciarse la aurora de la creación, el fuego sexual del tercer Logos hace fecundo el vientre de la gran madre, la sustancia primordial.

 

La segunda parte la realiza el segundo Logos, el Cristo Cósmico, encarnándose en los mundos que nacen, para que todos los seres tengan vida y la tengan en abundancia.

 

En el microcosmos hombre el acontecimiento se repite; el primero en intervenir es el tercer Logos, fecundando la materia caótica contenida en el semen y en la espina dorsal, fecundando a la madre divina, principio akáshiko, para que nazca el universo interior, los cuerpos solares; después nace el segundo Logos dentro de esos cuerpos existenciales superiores del ser, para trabajar en la Gran Obra del Padre.

 

Tal como es arriba es abajo, tal como es abajo es arriba. Los eventos cósmicos que se desarrollan en un sistema solar se repiten en el átomo. Los grandes acontecimientos que se suceden en la génesis de cualquier galaxia se repiten también en el microcosmos hombre.

 

Es necesario trabajar primero con el fuego y luego con la luz. Es indispensable trabajar primero con el tercer Logos, en la novena esfera, y luego con el segundo Logos.

 

Las cinco primeras iniciaciones de Misterios Mayores son cosmogénesis microcósmica; el fuego hace fecunda la materia caótica de la divina madre para que nazcan nuestros cuerpos solares; después viene lo mejor, la intervención del segundo Logos, la Iniciación Venusta, previo sacrificio por la humanidad.

 

Es indispensable saber, es urgente comprender que la Iniciación Venusta tiene siete grados esotéricos.

 

Primero: Nacimiento en el pesebre del mundo. El Cristo Intimo nace siempre lleno de amor por la humanidad, en ese pesebre interior que llevamos dentro de nosotros mismos, habitado desgraciadamente por los animales de las pasiones, por el yo pluralizado.

 

Segundo: Bautismo del iniciado en el mundo etérico, cristificación del cuerpo vital.

 

Tercero: Transfiguración del Señor; resplandece el Cristo Intimo en la cabeza y en el rostro sideral del cuerpo astral del iniciado, como resplandeció el rostro de Moisés en el monte Nebo.

 

Cuarto: Entrada a Jerusalem entre palmas y fiestas, cristificación del cuerpo mental del iniciado.

 

Quinto: El paño sagrado de la Verónica, en el cual queda grabado el rostro del Maestro. Cristificación del alma humana o cuerpo de la voluntad consciente.

 

Sexto: Cristificación del alma espiritual (Buddhi); eventos cósmicos formidables en la conciencia. Búddhica que desafortunadamente no quedaron escritos en los cuatro evangelios; acontecimientos del drama cósmico íntimamente relacionados con ciertos hechos de otros planetas del sistema solar.

 

Séptimo: El Maestro es crucificado y entrega el espíritu al Padre, entre rayos, truenos y terremotos.

 

La mujer sella siempre la sepultura con una gran piedra, la piedra filosofal que simboliza el sexo (la lucha contra Satán fue terrible).

 

En rigurosa síntesis, estos son los siete grados de la Iniciación Venusta. Sobre cada uno de estos siete grados se pueden escribir enormes volúmenes.

 

El Cristo, Señor nuestro, nacerá siempre dentro del humilde establo individual de todo iniciado preparado.

 

La madre del Señor ha sido, es y será siempre la Divina Madre Kundalini, la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes.

 

Los reyes de la inteligencia, los tres reyes magos, los verdaderos genios, reconocerán siempre al Señor y vendrán a adorarle.

 

El niño se verá siempre en grandes peligros; Herodes, el mundo, los tenebrosos, querrán siempre degollarlo. El bautismo en el Jordán de la existencia será indispensable, las aguas de la vida limpian, transforman, bautizan. La transfiguración interpreta con suma inteligencia la Ley de Moisés, enseñando a las gentes y desplegando en su trabajo todo el celo maravilloso de un Elias.

 

El Señor vendrá a nosotros caminando sobre las olas embravecidas del mar de la vida. El Señor Intimo siempre establecerá el orden en nuestra mente y devolverá a nuestros ojos la luz perdida.

 

El Señor Interior multiplicará siempre el pan de la Eucaristía para alimento y fortaleza de nuestras almas.

 

El Adorable, encarnado en el iniciado, predicará en las calzadas de esta gran Jerusalem del mundo, entregando a la humanidad el mensaje de la nueva era, y su rostro coronado de espinas, una y otra vez, quedará grabado para siempre en el paño de la Verónica.

 

En la conciencia del iniciado habrá siempre eventos cósmicos formidables y, entre rayos y grandes terremotos del alma, el Señor siempre entregará su espíritu al Padre, exclamando: "Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu", y después el cuerpo al sepulcro se repetirá la resurrección a los tres días y medio.

 

El mito solar tiene dos aspectos: el primero representa la actividad cósmica del segundo Logos, en el amanecer de todo nuevo mundo que nace de entre el vientre de la Gran Madre. El segundo aspecto viene a resumir la vida de todo individuo sagrado que se convierte en una encarnación del segundo Logos, el Cristo Cósmico.

 

El héroe del mito solar ha sido siempre presentado en todos los tiempos como un Hombre-Dios, y su vida se desarrolla y desenvuelve conforme a la carrera del Sol, que es el vehículo cósmico del Logos Solar.

 

En el pasado, en los antiguos tiempos, el nacimiento de Mitra se celebró siempre con grandes regocijos en el solsticio de invierno.

 

Horus, espíritu divino, hijo de Isis y Osiris, en el viejo Egipto de los faraones, nacía también en el solsticio de invierno.

 

Nadie sabe con exactitud la fecha exacta en que nació Jesús de Nazareth. Existieron 136 fechas distintas asignadas al nacimiento de Jesús. Los gnósticos iniciados resolvieron con suma sabiduría fijar la fecha de nacimiento de Jesús para el 24 de Diciembre a las doce de la noche, es decir, para los primeros minutos del 25 del mismo mes.

 

En otro mito solar, el Divino Salvador, el Cristo Intimo de todo individuo sagrado, nace siempre de entre el vientre de la Virgen Inmaculada, la Divina Madre Kundalini; esto nos recuerda al Niño Sol del 24 ó 25 de Diciembre, avanzando, naciendo, caminando hacia el norte en instantes en que la constelación de virgo, la Virgen Inmaculada, brilla resplandeciente en el cenit. Siempre el Sol, siempre el Cristo Cósmico, en el cosmos o en el hombre, nace de entre las entrañas de la Virgen Madre Cósmica.

 

Buddha nace de una virgen llamada Mayadevi, de acuerdo con el drama cósmico sabiamente comprendido por los chinos iniciados.

 

La muerte y resurrección del Señor, en el equinoccio de primavera, está tan ampliamente difundida como su nacimiento en el solsticio de invierno.

 

En tal época moría Osiris en manos de Tifón, y se le representaba con los brazos extendidos como si estuviera crucificado.

 

Por esa época llorábase cada año la muerte de Tammuz en Babilonia, y en Siria, por esa época del equinoccio de primavera, había también muchos lamentos sagrados, entonces se lloraba por Adonis, no solamente en Siría sino en Grecia también.

 

En Persia se celebraba la muerte de Mitra por la misma época del equinoccio de primavera.

 

En todas las escuelas de misterios se representaba en forma dramática toda la carrera solar, desde su nacimiento hasta su muerte y resurrección. El iniciado constituía su vida con el drama solar y se convertía de hecho en un individuo solar.

 

La Iniciación Venusta es para los hombres verdaderos, no para las mujeres, ninguna mujer puede alcanzar jamás la Iniciación Venusta.

 

El grado más alto que la mujer puede alcanzar es el de Virgen Celestial, que corresponde al estado de Buddha.

 

Cuando una mujer quiere alcanzar la Iniciación Venusta debe desencarnar y reencarnarse en cuerpo de hombre.

 

Por estos tiempos, en el valle del Nilo, en Egipto, está encarnado en cuerpo de hombre aquel gran ser que se llamó María, Madre de Jesús de Nazareth.

 

H.P.B., la autora sabia teosófica que escribió los seis volúmenes de la Doctrina Secreta, se está preparando para reencarnarse en cuerpo de hombre, porque quiere alcanzar la Iniciación Venusta.

 

Lo que estamos diciendo no debe desencantar a las mujeres, toda mujer que trabaje en la fragua encendida de Vulcano, toda mujer que trabaje en la novena esfera, puede fabricar sus cuerpos solares y convertirse en una Buddha viviente, en una virgen del Nirvana, con poder sobre el fuego, los aires, las aguas y la tierra.

 

La Iniciación Venusta es otra cosa, es sólo para hombres verdaderos, pero cualquier virgen del Nirvana puede reencarnarse en cuerpo de hombre para alcanzar la Iniciación Venusta.

 

Cada vez que el Logos Solar necesita venir al mundo para iniciar una nueva era, se encarna en un hombre debidamente preparado para la Iniciación Venusta.

 

Existen doce salvadores. Esto quiere decir doce avataras que corresponden a los doce signos zodiacales. La misión de cada avatara es iniciar la época de actividad correspondiente al signo en que va a entrar la humanidad.

 

Aries, Tauro, etc., tuvieron sus Avataras correspondientes.

 

Existen doce salvadores, a través de los cuales se expresa el Cristo viviente.

 

La encarnación del Logos Solar en el pesebre del mundo es un evento cósmico formidable.

 

Así como en todo mundo naciente el Cristo encarnado tiene que abrirse paso entre la vorágine terrible de la selva indómita, rodeado de toda clase de peligros, así también el Niño de Oro de la alkimia sexual, el Cristo Intimo nacido en todo individuo sagrado, debe abrirse paso, debe crecer y desarrollarse entre los animales del pesebre, entre los animales del deseo, rodeado de toda clase de peligros y adversidades.

 

En principio todavía, desgraciadamente, el iniciado no ha disuelto el yo, los animales del establo interior están vivos, el iniciado no ha alcanzado la perfección, aun cuando ya sea un Buddha, y el niño debe crecer y desarrollarse entre todas estas adversidades.

 

En los mundos que surgen a la existencia, el Cristo se desarrolla, es cruficicado, muerto y resucita en las entrañas de todo lo creado para que todas las criaturas tengan vida y la tengan en abundancia.

 

En el iniciado que alcanza la Iniciación Venusta, el Cristo debe nacer, crecer, morir y resucitar para trabajar con suma intensidad en la gran obra del Padre.

 

Cuando Jesús resucitó de entre los muertos, cuentan las Sagradas Escrituras que estuvo once años hablando con sus discípulos, enseñándoles los 24 misterios de los cuales nacen los 12 salvadores del mundo.

EL MAESTRO CHINO WU WEN

 

El gran maestro Wu Wen empezó sus prácticas de meditación bajo la sabia dirección del maestro Tuo Weng.

 

El primer trabajo de meditación se realizó con el siguiente koan o frase misteriosa: "No es la mente, no es el Buddha, no es nada"

 

Wu Wen sentado al estilo oriental concentraba su mente en esta frase tratando de comprender su honda significación.

 

Realmente este koan o frase enigmática es difícil de comprender y, meditando en ella, con el sano propósito de experimentar la verdad encerrada en cada una de las palabras contenidas en esta frase misteriosa, es claro que al fin la mente, no pudiendo conocer su significado, cae vencida, como herida de muerte, entonces se resigna, quedando quieta y en silencio.

 

El maestro chino Wu Wen tuvo la dicha de encontrarse con Yung Feng y Yueh Shan, y algunos otros hermanos, y todos juntos se comprometieron a trabajar para alcanzar la iluminación.

 

Después de algún tiempo Wu Wen fue hasta el maestro Huai Shi, quien le enseñó a meditar con ayuda del mantram sagrado WU. Este mantram se canta mentalmente con la letra U repetida dos veces U ... U... alargando el sonido vocal, como imitando el sonido del huracán cuando aúlla entre la garganta de la montaña, o como el golpe terrible de las olas contra la playa.

 

El canto de este mantram se hace mentalmente cuando practicamos la meditación, con el propósito de llegar a la quietud y al silencio de la mente, cuando necesitamos vaciar la mente de toda clase de pensamientos, deseos, recuerdos, preocupaciones, etc.

 

Después fue hasta Chang Lu en donde practicó la meditación con su compañero que anhelaba la iluminación final.

 

Cuando Wu Wen conoció a Chin de Huai Shang, este último le preguntó: "Hace seis o siete años que estáis practicando, ¿qué has llegado a entender? Wu Wen contestó: "Cada día tengo la impresión de que no hay nada en mi mente".

 

Esta respuesta fue muy sabia; ya Wu Wen tenía la impresión de que no había nada en su mente, empezaba su mente a quedar vacía, el batallar de los razonamientos estaba llegando a su final.

 

Wu Wen avanzaba maravillosamente, pero le faltaba algo, y Chin le dijo: "Puedes practicar en la quietud pero pierdes la práctica en la actividad" Esto inquietó mucho a Wu Wen, pues le tocaba precisamente su punto débil.

 

Ser capaz de tener la mente quieta y en silencio, vacía de toda clase de pensamientos, aun cuando tengamos hambre ... sed, aun cuando los mosquitos nos piquen o haya mucha bulla de gente a nuestro lado ... es algo muy difícil, y esto era lo que le faltaba a Wu Wen; éste podía practicar la meditación en la quietud, pero no podía practicar en la actividad, es decir, con todos estos inconvenientes.

 

"¿Qué debo hacer?" Preguntó Wu Wen a Chín; la respuesta fue: "¿Nunca has oído lo que dice Chung Lao Tze? Sí quieres entender esto, ponte de cara al sur y contempla la Osa Menor".

 

Palabras enigmáticas... palabras exóticas... misteriosas... difíciles de comprender, y, lo más grave, que---.. no hay explicación. Dicho esto, Chin se retiró.

 

Wu Wen quedó tremendamente preocupado, dejó la práctica con el mantram Wu por una semana y concentró su mente, procurando entender en forma total qué había querido decir Chin con eso de "volverse al sur y contemplar la Osa Menor".

 

Esto sólo lo vino a entender cuando los monjes que le acompañaban en el salón de meditación abandonaron el recinto para pasar al comedor. Entonces Wu Wen continuó su meditación en el salón y olvidó la comida.

 

Eso de llegar la hora de la comida y sin embargo seguir meditando, aquello de pasar inadvertida la comida, fue ciertamente algo muy decisivo para Wu Wen, porque entonces comprendió el significado de meditar en la actividad.

 

Cuenta Wu Wen que precisamente en esos momentos su mente se tornó brillante, vacía, ligera, transparente, sus humanos pensamientos se fragmentaron en pedazos como pedacitos de pellejo seco, sintió sumergirse entre el vacío.

 

Media hora más tarde, cuando regresó a su cuerpo, encontró que éste estaba bañado en sudor. Entonces fue cuando comprendió eso de ver a la Osa Menor, de cara al sur.

 

Había aprendido durante la meditación a hacerle frente, a darle la cara a la Osa Menor, es decir, al hambre, al bullicio, a toda clase de factores perjudiciales para la meditación.

 

Desde este momento ya ningún ruido, ni picaduras de mosquitos, ni la molestia del hambre, ni el calor ni el frió pudieron impedirle la perfecta concentración del pensamiento.

 

Mas tarde, cuando de nuevo visitó a Chin, pudo contestar con entera exactitud todas las preguntas que éste le formuló, sin embargo es doloroso decir que Wu Wen aún no estaba lo suficientemente despojado como para alcanzar el estado de "Dar un salto hacia adelante".

 

Pasado algún tiempo, Wu Wen fue a visitar a Hsianh Yen, en las montañas, para pasar la estación del verano, y cuenta que, durante la meditación, los mosquitos le picaban terriblemente y sin misericordia alguna, pero él había aprendido a mirar muy de frente a la Osa Menor (obstáculos, inconvenientes, hambre, mosquitos, etc.) y entonces pensó: "Si los antiguos sacrificaban sus cuerpos por el Dharma, ¿he de temer yo a los mosquitos"?

 

Consciente de esto, se propuso tolerar pacientemente a todos los aguijonazos, con los puños contraídos y las mandíbulas apretadas; aguantando las horribles picadas de los mosquitos, concentraba su mente en el mantram W.u. (u ... u ... ).

 

Wu Wen cantaba el mantram W.U.; imitaba con la U el sonido del viento entre la garganta de la montaña, el sonido del mar cuando azota la playa; Wu Wen sabía combinar inteligentemente la meditación con el sueño.

 

Wu Wen, cantaba su mantram con la mente y no pensaba en nada. Cuando algún deseo o recuerdo o pensamiento surgía en su entendimiento, Wu Wen no lo rechazaba, lo estudiaba, lo analizaba, lo comprendía en todos los niveles de la mente, y luego lo olvidaba en forma radical, total o definitiva.

 

Wu Wen cantaba su mantram en forma continua, nada deseaba, nada razonaba, cualquier deseo o pensamiento que surgía en la mente era debidamente comprendido y luego olvidado, el canto del mantram no se interrumpía, los mosquitos y sus aguijonazos ya no importaban.

 

De pronto algo trascendental sucede, sintió que su mente y su cuerpo se derrumbaban como las cuatro paredes de una casa. Era el estado del vacío iluminador, puro, perfecto, libre de toda clase de atributos; se había sentado a meditar en las primeras horas de la mañana y tan sólo al atardecer se levantó.

 

Es claro que uno se puede entregar a la meditación sentado al estilo oriental con las piernas cruzadas como lo hacía el Buddha, o al estilo occidental en la posición más cómoda, o acostado con los brazos y piernas abiertos a derecha e izquierda, como la estrella de cinco puntas, y con el cuerpo relajado, pero Wu Wen era oriental y prefería sentarse al estilo oriental como el Buddha.

 

Hasta este momento el gran maestro chino Wu Wen logró experimentar el vacío iluminador, mas todavía le faltaba algo, no había llegado a la plena madurez, en su mente había pensamientos erróneos e inadvertidos, que en forma secreta continuaban existiendo, pequeños demonios tentadores, pequeños yoes subconscientes, residuos que todavía vivían en los cuarenta y nueve departamentos subconscientes de Jaldabaoth.

 

Después de esta experiencia del vacío iluminador, Wu Wen se fue a la montaña de Wung Chow y allí meditó seis años, después meditó otros seis años en la montaña de Lu Han y luego tres años más en Kuang Chou. Al cabo de estos esfuerzos y después de haber sufrido mucho, el maestro Wu Wen logró la última iluminación.

 

El maestro Wu Wen fue un verdadero atleta de la meditación. Durante sus prácticas comprendió que todo esfuerzo mental crea tensión intelectual y que ésta es nociva para la meditación, porque obstruye la iluminación.

 

El maestro Wu Wen nunca se dividió entre un yo superior y otro de tipo inferior, porque comprendió que superior o inferior son dos secciones de una misma cosa.

 

El maestro Wu Wen se sentía a sí mismo, no como un dios ni como un deva, al estilo de los mitómanos, sino como un infeliz yo pluralizado, dispuesto de verdad a morir cada vez más y más en sí mismo.

 

El maestro Wu Wen no se auto-dividía entre yo y mis pensamientos, porque comprendía que mis pensamientos y yo son todo yo, y que es necesario ser íntegro para alcanzar la meditación perfecta.

 

Durante la meditación el maestro Wu Wen se hallaba en estado íntegro, receptivo, tremendamente humilde, con mente quieta y en profundo silencio, sin esfuerzo de ninguna clase, sin tensión mental, sin el deseo de ser algo más, porque Wu Wen sabía muy bien que el yo es lo que es y que jamás puede ser algo más de lo que es.

 

En estas condiciones, todos los trescientos mil clanes del cuerpo mental del maestro Wu Wen vibraban intensamente con el mismo tono, sin esfuerzo alguno, captando, recibiendo amor y sabiduría.

 

Cuando Wu Wen estuvo en las salas y lumisiales de meditación, todos los monjes recibieron un gran beneficio con las potentes vibraciones de su aura luminosa.

 

Wu Wen ya poseía los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser, los Cuerpos Solares, pero necesitaba disolver el yo y lograr la iluminación final, y la logró después de haber sufrido mucho.

LA CIENCIA DE LA MEDITACION

 

El vacío es muy difícil de explicar porque es indefinible e indescriptible. El vacío no puede describirse o expresarse en palabras humanas, debido a que los distintos idiomas que existen sobre la tierra sólo pueden designar cosas y sentimientos existentes; no es en modo alguno exageración afirmar que los lenguajes humanos no son adecuados para expresar las cosas y los sentimientos no existentes, y sin embargo tremendamente reales.

 

Tratar de definir el vacío iluminador dentro de los límites terrenos de una lengua limitada por las formas de la existencia es, fuera de toda duda, tonto y equivocado.

 

Es necesario conocer, experimentar en forma viviente el aspecto iluminado de la conciencia.

 

Es urgente sentir y experimentar el aspecto vacío de la mente.

 

Existen dos tipos de iluminación: la primera suele llamarse "agua muerta" porque tiene ataduras. La segunda es elogiada como "la Gran Vida" porque es iluminación sin ataduras, vacío iluminador.

 

En esto hay grados y grados, escaleras y escaleras; es necesario llegar, primero, al aspecto iluminado de la conciencia y, después, al conocimiento objetivo, al vacío iluminador.

 

El Buddhismo dice: "La forma no difiere del vacío y el vacío no difiere de la forma; la, forma es vacío y el vacío es forma".

 

Es debido al vacío que las cosas existen y, por el mismo hecho de que las cosas existen, deben ser el vacío.

 

El vacío es un término claro y preciso que expresa la naturaleza no substancial y no personal de los seres, y una indicación, una señal del estado de absoluta ausencia del yo pluralizado.

 

Sólo en absoluta ausencia del Yo podemos experimentar lo real, aquello que no es del tiempo, eso que transforma radicalmente.

 

El vacío y la existencia se complementan entre sí, se abrazan, se incluyen, jamás se excluyen, jamás se niegan.

 

La gente común y corriente de todos los días, la gente de conciencia dormida, percibe subjetivamente ángulos, líneas, superficies, pero jamás los cuerpos completos por dentro y por fuera, por arriba y por abajo, por delante y por detrás, etc., y mucho menos pueden percibir su aspecto vacío.

 

El hombre de conciencia despierta y mente vacía e iluminada ha eliminado de sus percepciones los elementos subjetivos, percibe los cuerpos completos, percibe el aspecto vacío de cada cosa.

 

Esta es la doctrina no discriminativa del camino medio, la unificación del vacío y la existencia.

 

El vacío es eso que no tiene nombre... eso que es real... eso que es la verdad y que algunos llaman el Tao, otros el Inri, otros el Zen... Alá... Brahatman o Dios, no importa como se le llame.

 

El hombre que despierta la conciencia experimenta la tremenda verdad de que ya no es esclavo y, con dolor, puede verificar que las gentes que andan por las calles soñando, parecen verdaderos cadáveres ambulantes.

 

Si este despertar de la conciencia se hace continuo mediante la íntima recordación de sí mismo de momento en momento, se llega entonces a la conciencia objetiva, a la conciencia Pura, al aspecto vacío de la mente.

 

La conciencia iluminada es fundamental para experimentar lo real y reducir al Yo pluralizado a polvareda cósmica; pero este estado está todavía al borde del Samsara (el mundo doloroso en que vivimos).

 

Cuando se ha llegado al estado de conciencia despierta se ha dado un formidable paso, pero el iniciado continúa todavía desafortunadamente ofuscado por la idea monista, es incapaz de romper todos estos sutiles hilos que lo conectan a ciertas cosas, a ciertos efectos de tipo perjudicial, no ha llegado a la otra orilla.

 

Cuando el iniciado desata los vínculos que en una u otra forma lo atan a la conciencia iluminada, llega entonces a la perfecta iluminación, al vacío iluminador, libre y enteramente insubstancial.

 

Llegar al centro mismo de la mente, llegar al vacío iluminador, al conocimiento objetivo, es algo tremendamente difícil, pero no imposible, todo gnóstico puede lograrlo si trabaja sobre sí mismo.

 

El vacío iluminador no es la nada, el vacío es la vida libre en su movimiento. El vacío es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será. El vacío está mas allá del tiempo y más allá de la eternidad.

 

La mente tiene trescientos mil clanes o centros, receptivos, y cada clan debe vibrar al mismo tono sin esfuerzo alguno.

 

La mente es de naturaleza femenina y está hecha para recibir, asimilar y comprender.

 

El estado natural de la mente es receptivo, quieto, silencioso, como un océano profundo y tranquilo.

 

El proceso del pensar es un accidente anormal cuya causa original se encuentra en el Yo pluralizado.

 

Cuando la mente está vacía de toda clase de pensamientos, cuando la mente está quieta, cuando la mente está en silencio, los trescientos mil clanes vibran entonces al mismo tono sin esfuerzo alguno.

 

Cuando la mente está quieta, cuando la mente está en silencio, adviene a nosotros lo nuevo, eso que es lo real.

INTIMA RECORDACION DE SI MISMO

 

Aun cuando parezca increíble, cuando el estudiante se observa a sí mismo no se recuerda a sí mismo.

 

Los aspirantes, fuera de toda duda, realmente no se sienten a sí mismos no son conscientes de sí mismos.

 

Parece algo inverosímil que cuando el aspirante gnóstico auto-observa su forma de reír, hablar, caminar, etc., se olvida de sí mismo, esto es increíble, pero cierto.

 

Sin embargo es indispensable tratar de recordarse a sí mismo, mientras se auto-observa, esto es fundamental para lograr el despertar de la conciencia.

 

Auto-observarse, auto-conocerse, sin olvidarse de sí mismo, es terriblemente difícil, pero espantosamente urgente para lograr el despertar de la conciencia.

 

Esto que estamos diciendo parece una tontería, las gentes ignoran que están dormidas, ignoran que no se recuerdan a sí mismas, ni aunque se miren en un espejo de cuerpo entero, ni aun cuando se observen en detalle minuciosamente.

 

Este olvido de sí mismo, esto de no recordarse a sí mismo, es realmente la causa causorum de toda la ignorancia humana.

 

Cuando un hombre cualquiera llega a comprender profundamente que no puede recordarse a sí mismo, que no es consciente de sí mismo, está muy cerca del despertar de la conciencia.

 

Estamos hablando algo que hay que reflexionar profundamente, esto que aquí estamos diciendo es muy importante y no se puede comprender si se lee mecánicamente.

 

Nuestros lectores deben reflexionar. La gente no es capaz de sentir su propio Yo mientras se auto-observa, de hacerlo pasar de un centro a otro, etc.

 

Observar la propia forma de hablar, reír, caminar, etc., sin olvidarse de sí mismo, sintiendo ese Yo adentro, es muy difícil, y sin embargo básico, fundamental, para lograr el despertar de la conciencia.

 

El gran Maestro Ouspenski dijo: "La primera impresión que me produjo el esfuerzo por ser consciente de mi Ser, por ser consciente de mi mismo como Yo, de decirme a mí mismo: Yo estoy caminando, Yo estoy haciendo, y de tratar de mantener vivo este Yo, de sentirlo dentro de mi, fue lo siguiente: El pensamiento quedaba como dormido, cuando yo asía al Yo, no podía pensar ni hablar; hasta disminuía la intensidad de las sensaciones; además, uno podía mantenerse en semejante estado sólo por un tiempo muy breve".

 

Es necesario disolver el Yo pluralizado, volverlo, ceniza, pero tenemos que conocerlo; estudiarlo en los cuarenta y nueve departamentos subconscientes, simbolizados entre los gnósticos por los cuarenta y nueve demonios de Jaldabaoth.

 

Si un doctor va a extirpar un tumor canceroso, necesita primero conocerlo, si un hombre quiere disolver el Yo, necesita estudiarlo, hacerse consciente de él, conocerlo en los cuarenta y nueve departamentos subconscientes.

 

Durante la íntima recordación de sí mismo, en ese tremendo súper-esfuerzo por ser consciente de su propio Yo, es claro que la atención se divide, y aquí volvemos nuevamente a aquello de la división de la atención. Una parte de la atención se dirige, como es apenas lógico, hacia el esfuerzo, la otra hacia el Ego o Yo pluralizado.

 

La íntima recordación de sí mismo es algo más que analizarse a sí mismo, es un estado nuevo, que sólo se conoce a través de la experiencia directa.

 

Todo ser humano ha tenido alguna vez esos momentos, estados de íntima recordación de sí mismo; tal vez en un instante de infinito terror, tal vez en la niñez o en algún viaje, cuando exclamamos: ¿Y qué hago yo por aquí? ¿Por qué estoy yo aquí?

 

La auto-observación de sí mismo, acompañada en forma simultánea con la intima recordación de su propio Yo, es terriblemente difícil y sin embargo indispensable para auto-conocerse de verdad.

 

El Yo pluralizado resulta siempre haciendo lo contrario durante la meditación, él goza fornicando cuando tratamos de comprender la lujuria; él truena y relampaguea, en cualquiera de los cuarenta y nueve departamentos subconscientes de Jaldabaoth, cuando tratamos de comprender la ira; él codicia no ser codicioso cuando queremos reducir a polvo la codicia.

 

Intima recordación de si mismo es darse cuenta, cabal de todos esos procesos subconscientes del mí, mismo, el Ego, el Yo pluralizado.

 

Auto-observar nuestra forma de pensar, hablar, reír, caminar, comer, sentir, etc., sin olvidarse de sí mismo, de los íntimos procesos del Ego, de lo que está ocurriendo allá dentro, en los cuarenta y nueve departamentos subconscientes de Jaldabaoth, resulta de verdad espantosamente difícil y sin embargo fundamental para el despertar de la conciencia.

 

La auto-observación, la íntima recordación de sí mismo, inicia el desarrollo del sentido espacial, que llega a su plena madurez con el despertar de la conciencia.

 

Los chakras mencionados por mister Leadbeater y muchos otros autores son, con relación al sentido espacial, lo que las flores con relación al árbol que les da vida.

 

Lo fundamental es el árbol. El sentido espacial es el funcionalismo normal de la conciencia despierta.

 

Todo hombre despierto de verdad puede ver, oír, tocar, oler y palpar todo lo que ocurre en los cuarenta y nueve departamentos subconscientes de Jaldabaoth.

 

Todo hombre despierto de verdad puede verificar por sí mismo, a través de la experiencia directa, los sueños de las gentes, puede ver esos sueños en las personas que andan por las calles, en los que trabajan en fábricas, en los que gobiernan, en toda criatura.

 

Todo hombre despierto de verdad puede ver, oír, oler, tocar y palpar todas las cosas de los mundos superiores.

 

Quien quiera experimentar la realidad de todo lo que sucede en las dimensiones superiores del espacio, debe despertar conciencia, aquí y ahora.